Toda una mujer, la hija de mi mujer

FECHA: 10/29/2015


Su cuerpo es espectacular, ya tiene 18 años, su pelo rizado castaño claro, a esa hora revuelto, produce un efecto especial de sensualidad.

Esa noche Aurora se quedó dormida temprano, así es que me quedé viendo tele en el living y le cerré la puerta de la pieza.

También tenía cerrada la puerta del pasillo que va hacia la pieza de los niños.

A eso de las 12 de la noche, alguien se levantó, era Josefa, hija de Aurora, venía con un pijama compuesto por un pequeño pantalón y un petito, pasó hacía la cocina y no pude dejar de mirarla.

Su cuerpo es espectacular, ya tiene 18 años, su pelo rizado castaño claro, a esa hora revuelto, produce un efecto especial de sensualidad.

Salió de la cocina con una paleta de helado, coqueteando con su lenguita sobre él.

Giré mi vista hacia ella y se quedó parada frente a mi, y seguía pasando su lengua por el helado.

Me preguntó

- Tío,¿ te gustaría que te lo hiciera a ti?

Quedé mudo por varios segundos, me sorprendió, desde hace un tiempo que tenía la fantasía de Josefa, varias noches, mientras se lo hacía a su madre, en mi mente se lo hacía a Josefa.

Ella se bajó un lado de su petito y asomó su hermosa y blanca tetita, que digo tetita, tetaza.

Ya era toda una mujer.

Se sentó a mi lado y me sorprendió con un beso, con su lengua húmeda haciendo cositas que levantaron y pusieron a mil mi pija.

Ella me tomó el brazo y puso mi mano sobre su pecho, exquisito, durito, era mejor a mi fantasía.

De un salto quedó sobre mi y me besaba, mientras me sacaba la camisa, se sacó su petito.

Ahí fuí yo quién tomó la iniciativa y la saqué de su posición, me puse de pie y me saqué el pantalón y el boxer, ella su pequeño pantalón.

Me recosté boca arriba en la alfombra y ella se montó, y cual amazona experta comenzó a cabalgarme.

Mi erección era tal que la punta de mi pene tocaba el fondo de su cosita. Cabalgaba y se estiraba para besarme, luego se movía cuan baile de regetón, cuando ya estaba por acabar se recostó sobre mi y me dice al oído,

- cuántas veces envidié a mi mamá cuando la hacías gemir, es más rico de lo que imaginé,

y un “que ricoooo” junto con sentir mi leche fue lo último que dijo.

Se puso rápidamente de pié, tomó sus cosas y volvió a su pieza.

Yo quedé ahí y pareció un sueño lo vivido.

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