El Aprovechador

FECHA: 8/09/2013
Mala ?poca la que estamos pasando, muy mala.

Mi esposo, me exhorta de continuo, a permanecer fuerte. Dice, que me necesita para no decaer y seguir luchando. Que pronto llegar?n tiempos mejores. Confieso, que cuesta mucho no demostrar lo que siento.

A los 36 a?os, con dos hermosos hijos, de 6 a?os la nena y 4 el var?n, todo luce muy turbio.
Creer?n que peco de vanidad, pero realmente soy muy atractiva. Y simp?tica, adem?s. Me resulta f?cil, caer bien, llegar a la gente, especialmente, a los hombres mayores, aunque nunca supe por qu? a ellos.

No me demand? demasiado esfuerzo mantener mi cuerpo. Siempre fui de talla media, busto acorde a mis medidas, marcada cintura y una cola muy llamativa, pues es grandecita.

Tengo cabello negro ondulado y largo. Lo llevo, pasando los hombros, con un rebelde flequillo, que cae sobre mi frente, oblig?ndome a acomodarlo. Este detalle, armoniza con mi tez trigue?a y ojos azules, d?ndome un toque p?caro, como dicen, tiene mi mirada.

Alberto, mi marido, tiene 48 a?os. No es de extra?ar. Todos mis novios, me llevaron 5 a?os o m?s. Como dije, siempre atraje a hombres mayores. Tal vez, obedezca a mi propia necesidad de protecci?n. Perd? a mi padre cuando ten?a 5 a?os y con mi madre trabajando, crec? muy sola.

Como dije, la situaci?n econ?mica y todo lo que conlleva, est? muy mal. Hace un a?o, Alberto perdi? su empleo y a?n no consigue nada.

Vivimos de la indemnizaci?n, pero se estaba acabando y ?nada.
Por mi parte, contra la voluntad de mi marido, que desea me dedique a los chicos, intent? obtener ocupaci?n, sin ?xito alguno, por mi falta de capacitaci?n.

Adeudamos ya, dos meses de alquiler. Pero eso ser?a lo de menos. Don Braulio, el viejo baboso, due?o de la casa donde vivimos, pregunta diariamente, cuando le vamos a pagar. Siempre, me encara con esa mirada libidinosa, inmunda que lo caracteriza. Tiene 63 a?os, pelado, con cabello a los costados, gordo, sucio, pero con dinero. Aunque el dinero, suele hacer ver a las personas de otra manera, lo veo tal cual es, una basura que me tiene ganas.

Vive solo, en una casa inmensa, contigua a la nuestra Una vieja, le hace la limpieza, tres veces por semana. La ventana de su comedor, se enfrenta a la de nuestro dormitorio, terreno por medio. Carezco de intimidad. Debo tener bajas las persianas, porque est? siempre all?, esperando verme en ropa interior.

A prop?sito, me llaman Betty y lo que paso a relatar, acaba de ocurrir, en un d?a como tantos, cuando mi marido sali? con los clasificados, previamente marcados como posibles empleos, los chicos fueron al colegio y yo, me dispon?a a limpiar la casa.

Como de costumbre, son? el timbre. Ya sab?a que era Don Braulio. Maldije por lo bajo, puse mi mejor cara y abr?.

No esper? que lo invitara, se meti? y tom? asiento. Dijo que ten?amos que hablar seriamente. Me puse c?moda, dispuesta a escuchar un nuevo reclamo de pago.

Para mi sorpresa, pareci? rudo pero, a la par, comprensivo. Se?al? muy acertadamente, que la situaci?n no parec?a dar para m?s. Que se juntaba una nueva cuota y mi marido continuaba sin trabajo igual que yo y ten?amos dos cr?os que alimentar.

En un intento por sacarlo de encima, le dije que no hab?a querido molestarlos, pero acudir?a a mis padres, para saldar la cuenta con ?l. Como si nada hubiese dicho, continu? parloteando, hasta que por fin, dijo tener un amigo que pod?a darle trabajo a Alberto. Que se trataba de una comisi?n en el interior, por tres meses. Estar?amos separados, pero ganar?a buen dinero. La ?nica condici?n era, que saldara lo adeudado y le adelantara algunos meses. ?ntimamente, pens?, el viejo no era tan malo como supon?a y experiment? una mezcla de alivio y alegr?a. Nada suger?a, lo que estaba por llegar.

Ocultando mi estado, promet? que esa noche, se lo dir?a a mi marido. Se fue, mir?ndome como lobo al corderito, pero estaba demasiado alegre, como para percatarme de ello.

Esa noche, tras acostar a los chicos, coment? a Alberto lo del viejo. Nos costaba separarnos, pero al fin, ambos estuvimos de acuerdo en que, por fin, empezaba a cambiar la suerte.

Lleg? el d?a de la partida. Disimul? mi pena, estimul?ndolo Quedamos, en que llamar?a cada tres d?as para no gastar mucho y me dar?a el tel?fono de su destino, ante cualquier emergencia.

La noche siguiente, mientras daba de cenar a los ni?os, son? el timbre. Era el viejo. Lo atend? enseguida. Despu?s de todo, gracias a ?l, todo hab?a cambiado.

Estaba como desencajado, sus ralos cabellos despeinados y los ojos enrojecidos. Era evidente que estaba pasado de copas. Como de costumbre, no aguard? a ser invitado. Hasta se sirvi? una copa de vino.

Con tono imperativo, me dijo que ten?a que hablar a solas conmigo y que acostara cuanto antes a los chicos. Su lasciva mirada y su estado, me congelaron la sangre. De todos modos, hice lo que me ped?a para preservar a los ni?os de cualquier escena violenta o desagradable.

Al regresar del cuarto de mis hijos, lo hall? c?modamente sentado en el sill?n de tres cuerpos. Segu?a bebiendo. Al verme llegar, se incorpor?, dej? el vaso a un lado y antes que pudiera reaccionar, me estaba apretujando contra ?l.

Viejo hijo de puta pens?, ahora resulta todo claro. Tanta aparente bondad, cuando con seguridad, ten?a todo bien planeado desde un principio.

Suavemente, por temor a represalias con mi marido, me retir? un poco y dije:

? Don Braulio, ojala me entienda. Amo a mi marido y vivo para mi familia. Es lindo para una mujer, que la cortejen, pero yo no soy de esa clase. Si el problema es el dinero, puedo acudir a mis padres, para que me den un adelanto.

El viejo se transform?. Me infundi? miedo, mucho miedo. Jal?ndome de nuevo hacia ?l, con ojos desorbitados, respondi?:

? La que parece no entender, sos vos. Me masturbo todas las noches, record?ndote en tanguita, o cambi?ndote, frente a la ventana. Me ten?s loco y me dec?s que no sos ?de esas?. De cu?les? Porque tambi?n yo puedo ser distinto. Mientras esto dec?a, me apretaba m?s por el contorno de la cintura, contra su abominable abdomen. Me empez? a hablar al o?do. Susurrando, pero en tono claramente amenazante, me record? que no ten?a m?s que llamar a su amigo, para que mi esposo regresara, precisamente, cuando se pensaba contratarlo en forma definitiva, para no hablar del desalojo inminente.

Luego, mir?ndome a los ojos, agreg?:

- Me van a tener que pagar, hasta el ?ltimo centavo de intereses. Todav?a quer?s hablar con tus padres?
Romp? en llanto. Estaba mareada, temblorosa. Como en una pel?cula, me vi con mi marido e hijos, en la calle. No soportar?amos tanta desgracia y....todo depend?a de mi.

En un intento desesperado por hacer tiempo y pensar, dije:

-Est? bien Don Braulio, ser? como usted diga pero, por favor, hoy no. Estoy quebrada, no podr?a corresponderle en absoluto. Llor? convulsivamente, para dar mayor peso a mis palabras. No dio resultado. Al contrario, lo exasper? a?n m?s.

Me mir? con iron?a y replic?:

? As? no querida. No creo en l?grimas de mujer y menos las tuyas. Ahora estoy muy enojado y vas a tener que suplicarme. Pero no de rodillas. Tendr?s que calentarme bien y entonces ver? que decido. Mientras as? me hablaba, acariciaba mis nalgas por debajo de la pollera, metiendo los dedos por el borde de mi bombachita.

La sola idea me provocaba arcadas. Estaba asqueada, no sab?a que pretend?a ahora. S?lo atin? a decir:

? No entiendo que debo hacer. Por favor, d?gamelo.

El viejo asqueroso, con voz babosa contest?:

? Decime que quer?s que te coja por todos los agujeros. Decilo bien convencida, bien caliente. Y cambiate de ropa ya. Ponete algo bien insinuante, como cuando te vest?s para tu marido. Soy muy fetichista.

Me solt? un poco y cuando me dirig?a al dormitorio, se acerc? a la mesa, donde a?n estaban los cubiertos. Tom? un cuchillo y agreg?:

-. No se te ocurra hacer nada raro. De ?ltima, tambi?n me excitan los ?pichoncitos?, como los que ten?s durmiendo ah?. Preparate bien para rogar y mejor ser? que me sigas excitando, con s?lo verte. Puedo cambiar de opini?n en cualquier momento y terminar en una carnicer?a.

Se me eriz? la piel. Cund? en p?nico. Adem?s de ebrio, era un verdadero degenerado y capaz de hacernos da?o a m? y a mis hijos. Est?bamos a su merced. Como aut?mata, fui a mi habitaci?n. Tratando de no pensar, seleccion? un conjunto de lencer?a, color blanco, que no usaba hac?a tiempo, porque me quedaba demasiado estrecho. La tanguita, se met?a en el culo quedando dos tiritas a los costados y el corpi?o, no me tapaba media teta. En la parte superior, la casaca de un baby-doll negro de encaje, abierto que s?lo se cerraba en el cuello con un lazo.

Felizmente, los chicos, dorm?an pl?cidamente. Entreabr? la puerta y le dije que estaba lista.

El viejo, abri? los ojos como naranjas, al verme as?. Tra?a un paquete grande en la mano y un vaso de vino, que dej? en la mesa de luz. Sac?ndose la camisa, me pidi? que lo abrazara e hiciera lo que me hab?a pedido. En cuanto le rodee por el cuello, empez? a tocarme por todos lados, mientras me besaba el cuello, con tal avidez, que me marc?. Me dec?a al o?do, que lo enloquec?a. Comenz? a tocarme el culo. Corri? un poco la tanguita, que ten?a metida dentro de la raya y me meti? un dedo, con tanta violencia y profundamente, que me hizo gritar. Me tap? la boca, cuando grit?, dici?ndome que despertar?a a los chicos. Me costaba aguantarlo, hasta el aliento era horrible.

Me solt? y sorbiendo vino, me pidi? que me agachara, con el culo apunt?ndole. Muerta de miedo, me apoy? en la mesa de luz, tal como lo ped?a. Su bulto, se apoy? en la entrada de mi culo y empez? a refregarse contra ?l, mientras, met?a sus asquerosas manos, por dentro del estrecho corpi?o, estruj?ndome los pechos. Lenta, muy lenta y met?dicamente, fue descendiendo con sus manos, siguiendo mis contornos, mientras lam?a toda mi espalda, hasta llegar a la tanguita.
Corri? la bombacha a un costado y me abri? los cachetes. Sent? su lengua, pasar por la raya del agujero, recorrer los lados, introducirse y salir muy r?tmicamente. Tambi?n una mano que acariciaba los labios de mi vagina, introduciendo y sacando lo que al principio fue un dedo y luego, perd? la cuenta. Sin propon?rmelo, me estaba lubricando espont?neamente. Me estaba excitando, probablemente porque no lo ve?a. No aguant? y lanc? un leve gemido. No deseaba sentir, pero, con su maestr?a, lo estaba logrando.

Casi sin darme cuenta, me incorpor? un poco y abr? las piernas, llevando mis nalgas m?s hacia arriba y afuera. Como respondiendo a mi mudo reclamo, enterr? su cara all?. Abr? a?n m?s las piernas. Deseaba sentir enterrada, esa lengua, que conoc?a muy bien su oficio. No pod?a controlar mi calentura y arranqu? la tanga, ofreci?ndome a?n m?s.
Siempre detr?s m?o, se desabroch? el pantal?n. Ahora era su pija, la que recorr?a toda la raya de mi culo. Tuve la sensaci?n de que era de un tama?o muy considerable, tal vez, por lo dura que estaba.

Lev? mi mano hacia atr?s y la agarr?. La cabeza era desproporcionada, en relaci?n al tronco, pero no la ve?a todav?a.
Al viejo no le faltaba experiencia para calentar mujeres, no hab?a dudas. Mi ?xtasis superaba todo pudor. Quer?a, deseaba, entregarme a las sensaciones placenteras que viv?a.

Me dio vuelta , me tom? con ambas manos de la cintura y me bes? en la boca. Ya ni asco sent?a. Fue cuando pude ver la pija. Parec?a un hongo. El tronco era normal, pero la cabeza era tremendamente grande. Me dije que, mi falta de experiencia, no me permit?a imaginar, que exist?an algunas con proporciones tan particulares. En comparaci?n, la de mi marido, era chica. Supuse que pod?a molestar, pero ver esa cabezota colorada y s?per hinchada, me enardeci? a?n m?s, si es que era posible.

Repentinamente, estir? la mano hacia el paquete que hab?a tra?do. Conten?a, un aparato, negro, inmenso, con la forma de un pene. Socarronamente, me dijo que era el ?invitado especial para m?. Que a mi colita, le iba a encantar y me har?a sentir como si estuviera con dos hombres y no uno.

La sola idea, me hizo volver a la realidad, enfri?ndome repentinamente. Quise protestar, decirle que era demasiado con la suya, pero me mir? amenazante y me call?.

- As? me gustan, d?ciles y siempre dispuestas a ensayar lo nuevo- dijo-, mientras me quitaba el corpi?o y me recostaba en la cama.

Me chup? las tetas como un beb?. Me ped?a que le diera leche, apretando y mordiendo mis pezones, succionando con tal fuerza, que me dol?an.

Simult?neamente, dos dedos hurgaban mi vagina, provoc?ndome el primer orgasmo de la noche.

Recogi? mi bombacha destrozada, la oli? y la chup? mir?ndome a los ojos.

Tom?, un pote de un gel transparente, que tambi?n hab?a tra?do y siempre mir?ndome a los ojos y pidi?ndome que lo mire, unt? toda su pija y la entrada de mi vagina.

Se acost? encima m?o y delirando de deseo, abr? bien mis piernas. Sab?a que iba a ser dif?cil, dar paso a esa cabezota dentro m?o, pero la quer?a sentir.

Despu?s de besarme y chuparme el cuello con violencia, dici?ndome cosas obscenas, apunt? su deforme miembro a la entrada y comenz? a empujar. No entraba y me comenzaba a doler la invasi?n.
Trat? de sacarla, le ped?, pero por toda respuesta, recib? una puteada, diciendo que me iba a romper toda, que nunca olvidar?a esa noche.

Cre? reventar, cuando la cabeza comenz? a abrirse paso para entrar. Suspir?, grit?. Me abofete?. Aprovech? que me afloj?, para meterla hasta el fondo. Era como un desgarro, me dol?a, ard?a Mi expresi?n de dolor, pareci? excitarlo m?s. Aument? la velocidad de las embestidas No dejaba de mirarme y su rostro se desfiguraba.
El viejo repugnante, gozaba como loco vi?ndome y sinti?ndome sufrir.

Musitaba inmundicias y repet?a que, marido le tendr?a que dar las gracias, por devolverle una mujer bien domadita y toda rota. Tras un terrible empuj?n, la dej? un rato clavada, ?para que me acostumbre?, seg?n dijo. Respir? hondo, me relaj? un poco y efectivamente, mi vagina se fue acostumbrando.

Lo tom? de la cintura y comenc? a moverme, con la esperanza que acabara enseguida. Pero era de largo aliento.
Me tuvo, una eternidad bombe?ndome. Yo sub?a y bajaba, al mismo comp?s, para amortiguar un poco sus embestidas.
Por fin, sent? el l?quido caliente dentro m?o. Sent? alivio, la pesadilla hab?a concluido, aunque estaba muy dolorida y apenas pod?a caminar.

Cuando volv? del ba?o, previo pasar por la habitaci?n de mis hijos, para cerciorarme que segu?an dormidos, el viejo estaba con el terrible aparato en su mano.

Me besaba, mientras me pon?a boca abajo y dec?a:

? Ahora, es el turno de mi amiguito, en tu hermosa colita.

Coloc? la almohada, bajo mi cadera, para que el culo quedara bien parado. Me puso mucho gel en el agujero con dos dedos. Se tom? su tiempo, pese a mis quejas, para dilatarlo. Con p?nico, sent? como comenz? a meter el aparato. Imposible no gritar, cuando eso abri? mi culo para introducirse.

El viejo hijo de puta, mientras me romp?a el culo, se masturbaba, emitiendo gemidos de placer.

Era terrible. Sent? necesidad urgente de ir al ba?o. Se lo dije, pero metiendo m?s, esa monstruosidad, replic?:

? Hacete encima, si pod?s. con este lindo tap?n.

Romp? la s?bana, con las u?as de las manos, cuando lo termin? de meter, de un golpe. Con los dientes, mord?a la otra almohada, para soportar sin gritar..

El dolor era insoportable. A las ganas de defecar, se sum? la sangre que corr?a por mis piernas dormidas. Era un verdadero calvario. Y el viejo, se re?a mientras se pajeaba.

Comenz? a meterlo y sacarlo, cada vez m?s impulsivamente, mientras me dec?a:

? No sabes qu? hermoso est? quedando el agujerito. Entra mi brazo ah? dentro.Y larg? una carcajada.
No puedo calcular cuanto estuvo metiendo y sacando eso. Hasta que lo sac? y me meti? su pija.

La cama, parec?a a punto de romperse, de los empujones del viejo, clav?ndome el culo.

Me cabalgaba tempestuosamente, tir?ndome de los cabellos, con tal rudeza, que tem? me rompiera el cuello. Me llamaba yegua y me trataba como tal. Me cog?a y me insultaba. Marc? mis nalgas de tanto golpearlas y apretujarlas, como si las abriera y cerrara. Al acabar, me tuvo clavada un rato, hasta que la sac?.

Estaba exhausta, transpirada, dolorida, pero alcanc? a ver que iba a higienizarse. Al salir, sin m?s, se visti?. Se ri? con una risa depravada, como el hijo de puta que era. Luego, me dio un beso en la frente y me orden? que, al d?a siguiente, consiguiera con quien dejar los chicos y fuera a su casa. Me record? que ahora ten?a algo m?s para presionarme. Pod?a contar todo a mi esposo.

Tard? en pararme para ir al ba?o, era intenso el dolor. Sangraba mucho por el ano. Llor? y y no dej? de lavarme hasta que la hemorragia pas?.

Al d?a siguiente, hice los arreglos necesarios y fui a su casa, por la noche.

Me recibi? tan ebrio como el d?a anterior y me acometi? de inmediato. De pie, apoy?ndome contra un mueble, me meti? por delante y detr?s, el enorme aparato. Luego, riendo, me pregunt? si alguna vez hab?a estado con dos tipos y empez? a cogerme por ambos lados, al un?sono, usando su pene y el monstruoso aparatejo.

Estuve toda la noche con algo dentro m?o, el aparato, la pija del viejo o ambos a la vez.

Tres d?as antes del regreso de mi esposo, las cosas se pusieron peor.
Llev? los chicos a la casa de una pareja amiga.

El viejo, hab?a dicho que vendr?a a las 10 de la noche. Que lo esperara, como yo sab?a que deb?a hacerlo, es decir, bien provocativa. Apareci? con otro viejo.

Era el jefe de mi marido. Un tipo morrudo, falto de modales, tanto para hablar como para moverse.

Quise quejarme y el ?jefe? me dijo que me callara. Que al fin de cuentas, era una buena puta, que me hab?a regalado, a cambio de trabajo para mi marido y que, de continuar si?ndolo, depend?a el futuro de Alberto. Me estaba chantajeando.
Pens? rebelarme, pero tuve que admitir que algo de raz?n ten?a. Al fin de cuentas, desde el primer d?a, goc? con el baboso, gracias a su arte y aunque sufr?, en los d?as subsiguientes, me hab?a acostumbrado y hasta disfrutado con ?l. De pronto, todo como en un flash, record? el cuchillo, la amenaza sobre mis hijos y grit?:

- Noooo!!!! Este hijo de puta ? se?alando a Braulio ? me oblig? a todo, cuchillo en mano.

Ambos rieron y dijeron que era un poco tarde para arrepentirse. Braulio, agreg? que tanto entusiasmo m?o, hab?a despertado la curiosidad de su amigo. Que mejor me relajara y disfrutara. Que ya quedaban pocas ?sesiones? y mucho por aprender y que si no me sent?a contenta de que haya tra?do un ?consolador natural?. Luego, con una sonrisa burlona, agreg?:

- ?No me dir?s que no te gust? el ?juguetito? ?. Me di por vencida. Ah? estaba, sola con ambos.

No me desvistieron. Tras manosearme de pie, me hicieron arrodillar y chuparle la pija al jefe, muy c?modamente sentado. Braulio, por detr?s y alzando bien mis nalgas, comenz? a cogerme por el culo, sin siquiera lubricarme m?nimamente, tan acostumbrada estaba ya a recibirlo. Me doli? y mucho. La meti? de una vez, pero no pod?a gritar. Mi boca estaba totalmente ocupada.

El ?jefe?, me hac?a ahogar, tan profundamente met?a su pene largo y fino, entre mis labios. Cada vez que el otro, embest?a por el culo, me empujaba hacia delante. Ten?a arcadas, n?useas, pero nada pod?a hacer. S?lo soportar y esperar. Esta vez, ninguna excitaci?n sent?a. S?lo asco, incluso de m? misma.

Braulio acab?. Se incorporaron y me hicieron parar. El otro, me puso contra la pared y me la meti?, de un empuj?n, en la vagina.

Cre? que, me romper?a la espalda, de c?mo me daba. Me dol?a todo el cuerpo. Sus movimientos eran muy bruscos, violentos. Era evidente que s?lo deseaba poseerme y da?arme, como para dejar su huella en mi Braulio colaboraba, sosteni?ndome las piernas bien en alto y rodeando el cuerpo de su amigo, mientras mi cabeza y cuerpo, daban contra la pared.

Acab? dando un grito, que pareci? un alarido feroz y se desplom?. Braulio, volvi? a mi culo, su ?nica obsesi?n.
Me flexion? la cintura, contra la mesa y a enterr? de tal manera que grit? como nunca. Mientras me agarraba bien, por la cintura, golpeaba mis nalgas con sa?a. Para acentuar mi calvario, su amigo, agarr? mis pezones. Los pellizcaba y tiraba de ellos, pidi?ndome que soltara la leche. Braulio, gritaba que s?, que les diera todo, que quer?a sentirme bien mojada, mientras introduc?a dos sucios dedos en mi vagina. Como not? mi sequedad, me golpe? m?s fuerte en la ancas y grit?:

- Puta, te quiero bien caliente, chorreada y rogando?.

Sus expresiones, motivaron al ?jefe?, quien de inmediato, coloc? su pene entre mis labios, para que se lo chupe. Como no pod?a hacerlo, en esa posici?n y sufriendo tal dolor, me tom? de los cabellos y de un tir?n, forz? que abriera la boca. Ambos se fueron casi a la par.

Me pidieron que les sirviera algo de beber, pese a que no pod?a caminar y uno de mis pechos, sangraba. Tuve que hacerlo. Bebieron de una vez sus tragos y me pidieron que los acariciara, para ?devolverles la vida?. No quer?a, ni pod?a hacer nada. Me desplom? en el sill?n, llorando, no se si de dolor, impotencia o ambas.

Fue un error. Era evidente que ambos eran s?dicos y el sufrimiento los estimulaba. Con sorna, comentaron que ?hab?a que mimarme? y pronto me estaban abriendo bien las piernas y embadurn?ndome con gel por delante y detr?s, mientras, me chuponeaban todo el cuerpo, a medida que me quitaban toda la ropa. Braulio se acost? boca arriba, en el mismo sill?n y me puso encima de ?l. Yo sub?a y bajaba r?pido, esperando que acabara pronto, cuando recib? una gran ?lecci?n?. Su compa?ero me tir? bien para adelante y de pronto ten?a ambas pijas en mi vagina. Por si poco fuera, el ?juguetito?, se abr?a paso por mi ano..

No estaba doblemente, sino triplemente penetrada. Era el acabose. Ni gritar pod?a, tal era el dolor y la tensi?n en todo mi cuerpo. Tampoco pod?a relajarme. S?lo sufrir. Comprend?, al fin, lo que se siente ser violada.

Como aguantaba y nada dec?a, me preguntaban si quer?a m?s y arremet?an m?s violentamente, moviendo el consolador, al mismo ritmo de ellos. Cuando logre gritar, los complac?. El jefe, tom? el lugar del consolador y acabaron casi juntos, desbord?ndome de semen por ambos agujeros.

Los dos d?as que quedaban antes del arribo de Alberto, estuve en cama. Dije que, aparentemente, ten?a un problema en la columna, tanto me dol?a.

Mi marido trabaja, estamos al d?a con los gastos y podemos ahorrar.
Cada tanto, lo mandan en comisi?n afuera, para agarrarme entre los dos viejos y cogerme.
Todav?a estoy pagando el precio, por ?tanta tranquilidad?.

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