En la trampa de arena�

FECHA: 5/08/2013

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Mi nombre es Dolores, pero por eso y por mis grandes tetas. Pero no es de eso precisamente lo que quiero hablar. Mi esposo es un jugador amateur de golf, por no decir que es un fan?tico incorregible, pero p?simo jugador. Yo siempre lo acompa?o a sus campeonatos, a los cuales por no perder la costumbre, siempre queda de ?ltimo.
Yo como se lo podr?n imaginar me aburr?a como una ostra, por lo que Sergio mi esposo, insisti? tanto en que yo aprendiera a jugar, que habl? con un cadi para que ?l me diera algunas clases, lo b?sico. As? que mientras el caminaba tras la bolita, yo finalmente acept? recibir unas cuantas clases.
Lo cierto que para m?, no hab?a cosa m?s aburrida que ese juego, pero aun y as? acept?. Y con un joven cadi de por lo menos unos diez a?os menor que yo, comenc? a recibir las clases. Yo si notaba que el chico de c?mo unos veinte a?os, parec?a babearse cuando caminaba tras de m?, raz?n por la cual simplemente por joder, como dice una amiga m?a espa?ola, comenc? a usar o ajustados pantaloncitos, o muy cortas mini faldas cuando en los momentos en que ?l me daba las clases.
Imag?nense, ese joven y delgaducho chico, que se colocaba tras de m?, y que con la intenci?n de ense?arme a agarrar el palo, digo me refiero al de golf. Mientras que sin falsa modestia les puedo decir que a mis treinta y tres a?os, llamo mucho la atenci?n a un sinn?mero de hombres. Aunque Sergio no dejaba de criticar mi vestimenta, yo segu?a us?ndola. Por lo que cuando el cadi se colocaba tras de m?, yo con toda intenci?n de calentarlo, disimuladamente restregaba mis nalgas contra su cuerpo.
Pero cuando comenzamos a practicar m?s en serio, el cadi me llev? al ?rea m?s retirada del campo, antiguamente esa zona era parte del recorrido usual de los golfistas, pero al remodelar hacen un a?o las instalaciones y anexar otras hect?reas al campo. Ese sector qued? supuestamente para la pr?ctica de los novatos. Pero la mayor parte del tiempo que iba a practicar a ese lugar, se encontraba totalmente solo.
Yo sin perder mi costumbre de mostrarle las nalgas al pobre chico, cuando iba a colocar el peque?o tees de madera y encima la correspondiente pelota de golf, me aseguraba que ?l se encontrase tras de m?, luego separaba mis piernas lo suficiente, y en c?mara lenta, sin doblar las rodillas, me inclinaba hacia adelante. Por un corto rato de manera intencional, no lograba colocar la pelota sobre el tees. El mismo tiempo que el joven cadi, con su boca abierta se le sal?an las babas, mientras observaba atentamente mis nalgas.
Pero lleg? un d?a en que por varias semanas Sergio ni tan siquiera me pon?a un dedo encima, y al preguntarle qu? era lo que le suced?a. Me respondi? dici?ndome que un jugar mucho m?s experto que ?l, le hab?a comentado que por lo menos una semana antes de jugar alg?n partido, no tuviera relaciones sexuales.

Bueno el pendejo de Sergio sigui? esa recomendaci?n al pie de la letra. Dej?ndome ?ngrima y sola en nuestra habitaci?n, pr?cticamente abandonada, ya que ?l se quedaba durmiendo en el sof? de la casa. Como ver?n Sergio se desvive por el golf, por lo que cuando ?l iba a practicar o competir, yo me fui con mi cadi, a practicar mis tiros en el ?rea que ya les describ?.
Yo estaba ese d?a, aparte de que bien molesta con mi esposo, con unas ganas locas de tener sexo. Por lo que cuando en compa??a de mi cadi llegamos al terreno de pr?ctica, y como de costumbre ver que no hab?a m?s nadie que nosotros dos. Al principio por joder, o pasar el rato me la pas? mostr?ndole mis nalgas al chico. Pero en cierto momento durante la pr?ctica, comenz? a corregir mi swing o sea la manera en que yo agarraba el palo y golpeaba la bola.
En el principio se limit? a decirme que colocase la mano un poco m?s abajo o que separase un poquito m?s mis piernas. Pero en cierto momento se coloc? tras de m?, colocando sus manos sobre las m?as, y pegando su cuerpo al m?o, me fue llevando hasta casi golpear la bola. Yo en ese instante, gracias a la muy corta faldita que estaba usando, sent? la presi?n de su caliente y duro miembro contra mis casi descubiertas nalgas.
Eso nada m?s bast?, para que yo decidiera seguir con su juego, as? que al golpear la bola, no lo hice con toda la fuerza necesaria, y me pueden creer que la condenada bola, fue a parar a unos altos matorrales. Y siguiendo la vieja costumbre de seguir la pelota y darle donde se encuentre, mi cadi y yo atravesamos el espeso matorral, y llegamos a una vieja trampa de arena. La que de por si era tremendo reto, ya que deb?a sacar la pelota, primero de la trampa de arena y en segundo lugar por encima de los matorrales.
Ya estando ambos en el centro de la trampa de arena, me di cuenta de que sucediera lo que sucediera, nadie se dar?a cuenta de ello, ya que los matorrales son casi un repelente natural contra los golfistas. As? que haci?ndome la tonta, nuevamente me coloqu? en posici?n para golpear la pelota, y casi de inmediato mi cadi, coloc?ndose tras de mi otra vez.
Agarrando mis manos con las de ?l continu? corrigiendo mi estilo. Nuevamente a pesar de su pantal?n, sent? el calor y la dureza de su miembro presionado contra mis nalgas, todo su cuerpo bien pegado al m?o. Yo por mi parte comenc? a restregar suavemente mis nalgas contra su cuerpo, sab?a qu? ya no pod?a echarme para tras, en ese momento ?l solt? una de mis manos y sin demora alguna pr?cticamente me la enterr? entre mis piernas, en medio de todo me sorprendi? su atrevimiento, con una habilidad inusitada sus dedos de manera bien efectiva hicieron contacto con mi cl?toris, por lo que casi de inmediato di media vuelta, solt? el palo de golf, y le plant? tremendo beso en la boca de mi cadi.
Ambos nos bes?bamos intensamente, su lengua luchaba contra la m?a por entrar en mi boca, y los deseos por sentir dentro de m? lo que ?l cargaba entre sus piernas hicieron que yo perdiera, la compostura. Ya que en un abrir y cerrar de ojos, me encontraba completamente desnuda tirada en el centro de la trampa de arena, con mis piernas bien abiertas, invit?ndolo a que me penetrase sin compasi?n.
Mi cadi lentamente se baj? los pantalones, y de inmediato pude ver su llamativo miembro completamente erecto y apuntando al cielo. Yo sin dejar de acariciar mi co?o con una mano, mientras que con la otra insistentemente le hac?a se?as para que me penetrase. El joven chico, se fue colocando sobre mi desnudo cuerpo, y el brillante sol de las diez de la ma?ana nos cubr?a con sus rayos, a los pocos segundos comenc? a sentir como su caliente y erecta verga se deslizaba sin problema alguno dentro de mi h?medo co?o.
Quiz?s debido al tiempo que mi marido no me atend?a como era debido, fui disfrutando plenamente cada mil?metro, y cent?metro que su sabrosa verga se abr?a paso dentro de mi caliente co?o. Lo mejor de todo era que a medida que mi cadi me fue clavando su sabroso miembro dentro de mi co?o, no dejaba de pensar en el est?pido de mi marido siguiendo una bolita por todo el campo.
Yo me comport? como una loca, como una verdadera perra en celo, dispuesta hacer todo lo que mi amante cadi me pidiera que hiciera. Por lo que cuando despu?s de que ?l me hab?a arrancado m?ltiples y placenteros orgasmos, ligeramente me insinu? que lo dejase darme por el culo, no lo dud? un instante. Es m?s sin que me lo llegase a pedir, antes de que me llegase a penetrar por el culo, me abalanc? sobre su verga y de manera desesperada se la estuve mama que mama, por un buen rato.
Hasta que yo misma, me detuve, di media vuelta y le present? mis rosadas nalgas. Mi cadi sin compasi?n alguna y de manera dolorosamente sabrosa, me enterr? por mi culo su verga. Al tiempo que con una de sus h?biles manos jugueteaba con todo mi co?o. Haci?ndome disfrutar de manera ininterrumpida de otros tantos orgasmos.
Tanto ?l como yo quedamos llenos de arena por todas partes, exhaustos, pero tremendamente s?per satisfechos. Sin entrar en detalles, quedamos en volver a practicar lo m?s pronto posible. Luego me vest? y al llegar a los vestidores del club me di una buena ducha, borrando de esa manera cualquier evidencia que pudiera haber quedado en mi cuerpo.
Mi cadi y yo seguimos practicando, pero como al mes, me dijo que varios de sus compa?eros se hab?an dado cuenta de lo nuestro, y que por seguridad mejor nos segu?amos viendo en otro lado. Yo le pregunt? a ?l que era lo peor que pod?a pasarnos si continu?bamos teniendo sexo en la trampa de arena. Su respuesta lejos de asustarme, me excit? tremendamente. Ya que me dijo que de seguir vi?ndonos en ese lugar, lo m?s probables era que en alg?n momento varios de ellos nos sorprendieran, y a cambio de su silencio me pidieran dinero, o que me acostase con ellos.
No s? en qu? pens?, pero la sola posibilidad de que esa segunda opci?n sucediera me calent? y excit? tanto que le dije a mi temporal amante, que no se preocupase, que de seguro ninguno se atrever?a hacer o decir nada. Mientras que por dentro de mi deseaba intensamente que eso sucediera.
As? que como de costumbre mientras mi marido se fue a correr tras su bolita, yo me fui con mi cadi a practicar. Ya estando en la misma trampa de siempre, me quit? toda la ropa, como de costumbre y en ese momento le ped? a ?l que me diera una buena mamada de co?o. Lo que gustosa y sabrosamente se dedic? hacer. Yo estaba disfrutando de un tremendo orgasmo, con mis ojos cerrados, pero al abrirlos me encontr? rodeada como de unos seis chicos de la misma edad de mi cadi. Bueno no le voy a contar lo sucedido con todos y cada uno de ellos. Pero lo que si les voy a decir que soy la jugadora de golf m?s popular entre los cadi. De paso por aquello de que mi esposo no fuera a sospechar, recientemente entr? en un peque?o torneo, en el que logr? quedar en el segundo lugar, mientras que ?l para no variar, volvi? a quedar de ?ltimo.

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